No había nada que hacer. Estaba muerta y ahora sólo le quedaba salir corriendo del despacho antes de que llegara alguien y le colgaran el asesinato. Sacó el pañuelo y limpió el pomo, con la mirada fija en su hermosa melena esparcida por el suelo. Abrió la puerta y sólo vio oscuridad porque, como todo el mundo sabe, los gorilas siempre golpean en el estómago.
2 respuestas hasta el momento ↓
ziwe // Abril 15, 2008 a 8:00 pm |
Guau, me he quedado impresionado.
Micro-relatos.
Bastante bien, Pero en ved, de micro, hazlos mas extensos, que sino tus admiradores, como yo, nos quedamos con ganas de más.
Un beso.
Héctor.
Fer // Abril 21, 2008 a 5:57 pm |
Salió corriendo, huyendo sin destino, nerviosa, agarrotada, agitada. De repente cayó en la cuenta que había olvidado algo en la habitación. ¡Vaya! Había que volver. ¿Seguro? ¿Y si…?