El piolet emitía un breve y fugaz zumbido cada vez que el regatón pinchaba la nieve. Los crampones hacían que la nieve crujiera a cada paso. La luna iluminaba el blanco níveo con claridad diurna y, al fondo, las sombras de las cumbres recortaban una línea imaginaria entre unos monstruos dormidos y un mar de estrellas.
La Luna bajo los pies
Febrero 29, 2008 · Dejar un comentario
Categorías: Agenda de Monstruos · Espacios
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