Un último beso fugaz. Sale rápidamente del vagón. Ya lo echa de menos y, mientras anda los primeros pasos, se vuelve buscando complicidad con una sonrisa. Él, ajeno, rebusca desinteresadamente en una bolsa. Ella sigue caminando de espaldas al vagón, todavía sonríe ligeramente pero ya no mira. Él, entonces, siente una súbita ausencia y la busca por el andén. No la ve. Ella se mezcla entre la gente y desaparece mientras pierde la sonrisa. El tren inicia la marcha y cierto vacío se queda flotando entre ellos. Es un vacío tangible, fino, que se va estirando como un elástico mientras el tren se aleja. Finalmente, en medio del túnel el vacío se quiebra con un tenue chasquido. Pero ninguno de los dos lo percibe. Y quién sabe si ese vacío inexistente, roto, ajeno, perdurará hasta el amanecer del día siguiente.
2 respuestas hasta el momento ↓
Nell // Abril 21, 2008 a 3:31 pm |
guau… sin palabras… precioso…
Fer // Abril 22, 2008 a 9:12 am |
Demasiado tarde.
Ese vacío perdurará para siempre.