Hamada

Un frío terrible

Julio 3, 2009 · Deja un comentario

Estaba sentado en una repisa, encordado a los anclajes emplazados en la pared. El día era espléndido, soleado y por lo tanto, a esas alturas del año y a esa altitud, hacía un frío terrible.

Miraba el horizonte mientras el sol afloraba detrás de las montañas trayendo una luz pálida y débil típica de los amaneceres de invierno. Mientras, recogía cuerda de su compañero que ascendía resoplando por la lengua de hielo.

El hielo tenía un buen color azul pálido en el fondo y crepitaba como una hoguera a cada patada y a cada golpe de piolet.

Miró hacia arriba y vio aparecer una nube. Se movía veloz, como impaciente por ir a tapar el sol que empezaba a despuntar y eso le inquietó.

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Peso en los ojos

Mayo 30, 2009 · 1 comentario

Después de darle muchas vueltas, el documento parecía derretirse en su parte inferior, como los relojes blandos de Dalí, como unas natillas volcadas en el borde de la mesa.

El peso de los ojos le hacía esforzarse en mantener la mente lúcida aunque fuera únicamente para no perder la sensación de realidad. Pero ya hacía tiempo que todo era irreal, así que decidió que era mejor dejar ese dichoso documento y ocuparse de él por la mañana.

Dejó el ordenador portátil sobre la mesa, bajó la tapa con cuidado y apagó la luz. Caminó por el pasillo hasta la puerta y la abrió. Se detuvo. Ante sus ojos se extendía un abismo azulado y las estrellas brillaban por doquier.

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Dormir

Enero 26, 2009 · 1 comentario

Siempre me asalta la misma duda, ¿cómo sabré que estoy muerto? El único consuelo que quizá me queda es que probablemente en eso consista morir, en no saber.

Al fin y al cabo, uno sólo es consciente de estar dormido, incluso de los sueños, cuando despierta. Mientras, sólo la nada ante el infinito y la eternidad. Y hasta ese momento, la angustia de la certeza del suceso y el alivio de la incertidumbre del instante.

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El delirio

Octubre 30, 2008 · 1 comentario

En una situación de absoluto desenfreno, el delirio puede aparecer de imprevisto y bajo múltiples formas. Resulta una situación extraña: el cuerpo desgobernado, la mente vagando por la fantasía de la realidad deformada y cierta sensación de desazón apacible y, al tiempo, desesperada.

En mi delirio vago por el ritmo del latir de mi corazón para cabalgar sobre el torrente de mi sangre y recorrer mi cerebro, neurona a neurona, restableciendo las conexiones averiadas y, súbitamente, en la última, al restablecer la conexión, desaparezco.

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Lágrimas

Octubre 3, 2008 · 2 comentarios

Tras un fuerte bostezo los ojos se le llenaron de lágrimas y cuando los abrió nada había cambiado. Nada salvo la distorsión de los objetos y el paisaje que apenas percibía.

-Al menos es un punto de vista diferente -pensó.

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Hay sitios donde mejor no estar

Abril 15, 2008 · 2 comentarios

No había nada que hacer. Estaba muerta y ahora sólo le quedaba salir corriendo del despacho antes de que llegara alguien y le colgaran el asesinato. Sacó el pañuelo y limpió el pomo, con la mirada fija en su hermosa melena esparcida por el suelo. Abrió la puerta y sólo vio oscuridad porque, como todo el mundo sabe, los gorilas siempre golpean en el estómago.

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Marzo 12, 2008 · 3 comentarios

Repentinamente sintió el irrefrenable deseo de hacerlo, así que lo hizo. Después, no fue capaz de quitarse la extraña sensación de que, quizá, no debía haberlo hecho.

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La Luna bajo los pies

Febrero 29, 2008 · Deja un comentario

El piolet emitía un breve y fugaz zumbido cada vez que el regatón pinchaba la nieve. Los crampones hacían que la nieve crujiera a cada paso. La luna iluminaba el blanco níveo con claridad diurna y, al fondo, las sombras de las cumbres recortaban una línea imaginaria entre unos monstruos dormidos y un mar de estrellas.

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El tiempo

Febrero 14, 2008 · Deja un comentario

Cuando terminó la lista de sus objetivos en la vida, cayó en cuenta de que se le había olvidado incluir uno esencial. Y decidió empezar por ese.  Así que cerró la libreta, sorbió algo de su zumo de naranja y se recostó en en la hamaca dejando que el tenue sol de primavera le calentara las mejillas. Cerró los ojos.

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Dos cosas

Febrero 11, 2008 · 3 comentarios

A veces se vaciaba casi por completo y sólo había dos cosas en su ser; una era desazón y la otra no la sabía reconocer.

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